
La semana pasada, el calendario macroeconómico estuvo relativamente tranquilo, con la atención centrada en los resultados empresariales, incluidos los de compañías como Meta, Tesla y SpaceX.
La preocupación por el flujo de caja libre negativo de Meta y Tesla desencadenó una oleada de ventas en el sector tecnológico, ante las dudas sobre la sostenibilidad del aumento de la inversión de capital en infraestructuras de IA.
Mientras tanto, los precios del petróleo se dispararon en un contexto de persistentes tensiones y conflicto en Oriente Medio, con el Brent subiendo hasta los 113 dólares por barril, su nivel más alto en cinco meses.

Esta semana, los bancos centrales y el presupuesto del Reino Unido serán los principales focos de atención, junto con más resultados de las grandes tecnológicas.
La decisión de tipos de la Reserva Federal se conocerá el día 28 y se espera que la política monetaria se mantenga sin cambios. Por ahora, los datos no terminan de justificar una subida, mientras que las elecciones de mitad de mandato de la semana siguiente obligan a la Fed a mantener un perfil bajo.
Pese a que el IPC se sitúa en el 3,7 % y el IPP en el 6,3 %, el presidente de la Fed, Warsh, y responsables como John Williams han medido cuidadosamente sus mensajes, señalando que el entorno actual no justifica un ritmo de endurecimiento superior a una subida por trimestre. Por ahora, la Fed prefiere esperar y observar. Los comentarios de Warsh tras la decisión se seguirán de cerca y no se pueden descartar señales de un sesgo restrictivo. El mercado sigue descontando una probabilidad del 78 % de una subida en diciembre.
Los datos del índice de precios del gasto en consumo personal (PCE) subyacente y del PIB del tercer trimestre complicarán aún más las perspectivas, ya que podrían intensificar o revertir cualquier reacción a la reunión de la Fed.
Si la Fed mantiene los tipos con un tono restrictivo y los datos del PCE subyacente y del PIB sorprenden al alza, podrían reactivarse las apuestas alcistas por el dólar y presionar al oro a la baja hacia los 3940 y los mínimos de 2026.

La decisión de tipos del BCE se conocerá el día 29. El BCE ya ha subido los tipos dos veces en los últimos meses: la primera en junio, cuando situó el tipo de la facilidad de depósito en el 2,25 %, y otra de 25 puntos básicos en septiembre, en respuesta al repunte de la inflación por encima del 3 % debido al encarecimiento de la energía. La inflación general se sitúa en el 3,8 %, su nivel más alto en tres años.
Es posible que se produzca otra subida de tipos antes de que termine el año, pero el problema para el BCE es que unos tipos más altos podrían perjudicar el crecimiento económico de la zona euro. Los responsables de política monetaria del BCE han sugerido que podría haber otra subida, aunque pocos han concretado cuándo. Ante las escasas señales de una intensificación de las presiones salariales, la probabilidad de una subida en octubre parece reducida, y diciembre se perfila como el momento más probable para el próximo movimiento.
Salvo, por supuesto, que la situación en Francia obligue al BCE a intervenir para reducir los diferenciales. Se espera que las negociaciones sobre el presupuesto francés continúen durante las próximas semanas, mientras la ampliación del diferencial entre los rendimientos de la deuda francesa y alemana aviva los temores a otra crisis de deuda en la zona euro. Se seguirá de cerca cualquier señal de la presidenta del BCE, Christine Lagarde, que denote preocupación por los movimientos en los mercados de bonos.
Cualquier señal de Lagarde que apunte a una subida en diciembre, junto con una decisión de mantener los tipos acompañada de un tono restrictivo, podría contribuir a sostener al EUR/USD, aunque la trayectoria de menor resistencia sigue siendo bajista, hacia 1,11.

Se espera que el BoJ mantenga los tipos de interés sin cambios en el 1,25 %, tras haberlos subido en septiembre. Sin embargo, es probable que eleve su previsión de inflación para el ejercicio fiscal 2027 en la reunión de octubre, ya que el encarecimiento del petróleo sigue trasladándose a los precios al consumidor.
La inflación subyacente de Japón aumentó hasta el 2,1 % interanual en septiembre y superó el objetivo del Banco de Japón por primera vez desde diciembre. La inflación de los bienes también repuntó hasta el 2,8 %.
Los datos refuerzan los argumentos a favor de una subida en diciembre, aunque el mercado no descuenta por completo un incremento de 25 puntos básicos hasta enero. Por tanto, unos comentarios de tono restrictivo del gobernador Ueda podrían impulsar al yen, especialmente si la Fed adopta una postura más acomodaticia o los datos de Estados Unidos sorprenden a la baja.
El yen japonés se ha fortalecido durante la semana gracias a los flujos hacia activos refugio, una tendencia que podría continuar si los resultados de las grandes tecnológicas, entre ellas Alphabet, Microsoft y Amazon, previstos para los días 28 y 29, avivan aún más la preocupación por el enorme gasto en IA y la rentabilidad de esa inversión.
