
El euro (EUR) cede ligeramente frente al dólar estadounidense (USD) este miércoles y devuelve parte del terreno ganado en los últimos días. El par EUR/USD cotiza en 1,1220 tras frenarse ligeramente por encima de 1,1260 el martes, mientras los disturbios en Francia inquietan a los inversores y los costes de financiación del país siguen aumentando.

El Gobierno francés se vio obligado a imponer toques de queda parciales en varias ciudades esta semana, después de que las protestas estudiantiles, que se habían extendido por el país durante las últimas semanas, se tornaran violentas el pasado fin de semana y provocaran escenas de saqueos y destrucción que dieron la vuelta al mundo.
Mientras tanto, la prima de riesgo de la deuda francesa sigue aumentando. La rentabilidad del bono francés OAT a 10 años ha alcanzado el 4,98 %, su nivel más alto en 24 años. El diferencial frente al Bund alemán, considerado más seguro y utilizado como referencia para medir la prima de riesgo del país, se ha ampliado hasta los 157 puntos básicos, su nivel más alto desde la crisis financiera de 2009-2011.
No obstante, el euro encuentra cierto apoyo en la debilidad del dólar estadounidense, lo que evita una mayor caída del par. Ante la ausencia de publicaciones macroeconómicas clave en Estados Unidos, el dólar carece de impulso, mientras los inversores se preparan para una pausa de la Reserva Federal (Fed) la próxima semana y evalúan el alcance del ciclo de endurecimiento monetario.
Los analistas de ING observan que el dólar «sigue cotizando con un tono débil» y atribuyen esta tendencia a «una combinación de secuelas de las preocupaciones relacionadas con la IA (los bonos de Corewave volvieron a tambalearse ayer) y el desmantelamiento de posiciones largas excesivas y la corrección de sobrevaloraciones a corto plazo».
ING también destaca un cambio sutil en la respuesta de la divisa a los mercados energéticos y sostiene que «la reacción del dólar al petróleo puede haber cambiado durante la última semana aproximadamente». A su juicio, «la creciente preocupación por las acciones tecnológicas ha debilitado en cierta medida la convicción del mercado de que la Fed mantendrá una postura restrictiva, lo que permite una mayor flexibilidad hacia una orientación expansiva en el tramo corto de la curva ante factores ajenos a los datos, como una caída pronunciada del petróleo», lo que, a su vez, contribuye a reforzar el tono débil del dólar.
El euro es la moneda de los 20 países de la Unión Europea que pertenecen a la eurozona. Es la segunda divisa más negociada del mundo, por detrás del dólar estadounidense. En 2022, representó el 31 % de todas las operaciones del mercado de divisas, con un volumen medio diario de negociación superior a 2,2 billones de dólares. El EUR/USD es el par de divisas más negociado del mundo y representa aproximadamente el 30 % de todas las operaciones, seguido del EUR/JPY (4 %), el EUR/GBP (3 %) y el EUR/AUD (2 %).
El Banco Central Europeo (BCE), con sede en Fráncfort, Alemania, es el banco central de la eurozona. El BCE fija los tipos de interés y dirige la política monetaria. El mandato principal del BCE es mantener la estabilidad de precios, lo que implica controlar la inflación o estimular el crecimiento. Su principal herramienta es la subida o la bajada de los tipos de interés. Unos tipos de interés relativamente altos, o la expectativa de que aumenten, suelen beneficiar al euro, y viceversa. El Consejo de Gobierno del BCE toma las decisiones de política monetaria en reuniones que se celebran ocho veces al año. Las decisiones las toman los gobernadores de los bancos centrales nacionales de la eurozona y seis miembros permanentes, entre ellos la presidenta del BCE, Christine Lagarde.
Los datos de inflación de la eurozona, medida por el índice armonizado de precios de consumo (IAPC), son un indicador económico importante para el euro. Si la inflación aumenta más de lo previsto, especialmente si supera el objetivo del 2 % del BCE, obliga a la institución a subir los tipos de interés para volver a controlarla. Unos tipos de interés relativamente altos en comparación con los de otras economías suelen beneficiar al euro, ya que hacen que la región resulte más atractiva para los inversores internacionales a la hora de colocar su dinero.
Los datos publicados permiten evaluar la salud de la economía y pueden influir en el euro. Indicadores como el PIB, los índices de gestores de compras (PMI) del sector manufacturero y de servicios, el empleo y las encuestas de confianza de los consumidores pueden influir en la evolución de la moneda única. Una economía sólida es favorable para el euro. No solo atrae más inversión extranjera, sino que también puede animar al BCE a subir los tipos de interés, lo que fortalecerá directamente al euro. Por el contrario, si los datos económicos son débiles, es probable que el euro caiga. Los datos económicos de las cuatro mayores economías de la zona del euro (Alemania, Francia, Italia y España) son especialmente relevantes, ya que representan el 75 % de la economía de la eurozona.
Otro dato importante para el euro es la balanza comercial. Este indicador mide la diferencia entre lo que un país ingresa por sus exportaciones y lo que gasta en importaciones durante un periodo determinado. Si un país produce bienes de exportación muy demandados, su moneda se apreciará simplemente por la demanda adicional generada por los compradores extranjeros que desean adquirir esos productos. Por tanto, un saldo comercial positivo fortalece una divisa, mientras que un saldo negativo tiene el efecto contrario.